El pensar bien y mal

Un hombre bautista vino a mi casa un día. Tenía algunos libros consigo. Recuerdo ojear uno de ellos y leer unos párrafos. El título era El pensar bien y mal, por Kenneth Hagin.

Era diferente a cualquier libro que hubiera leído alguna vez. Cada párrafo decía algo, e iba directo al grano. Recuerdo hasta hoy una de las primeras declaraciones que leí: “La gente que piensa erradamente, actúa de forma errada.” Esto explotó dentro de mi como una bomba. Fue como si alguien encendiera una luz en mi interior. “La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples” (Salmos 119:130). Supe instantáneamente que esto era verdad. Ordené ese libro y otro sobre las confesiones. Comencé a cavar dentro de la Palabra de Dios para ver qué me estaba perdiendo.

Nunca había escuchado a nadie predicar sobre Marcos 11:23,24: todo lo que pidieres orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá”. Estoy seguro de que lo había leído, pero no significa nada para mí. No estaba en mi. No tenía idea de que usted pudiera tener lo que dice. Pero a medida que comencé a estudiar en oración lo que Jesús dijo acerca de las palabras, la boca y la oración. Dios comenzó a revelar estas cosas. Recuerdo una mañana que estaba orando, y dije: Padre, he orado y esto no está dando resultados.

El habló a mi espíritu claramente: – ¿Qué estás haciendo? – Estoy orando – dije. No, no lo estás haciendo – dije -. Te estás quejando. Entonces dijo: – ¿Quién te dijo que no está dando resultados? Eso me estremeció. Pensé por un minuto, y luego dije: – Bueno, me imagino que el diablo. Luego habló a mi espíritu algunas cosas que transformaron totalmente mi vida. Él dijo: – Agradecería que dejaras de decirme lo que el diablo dijo. Has estado orándome que te prospere y aparte al diablo de tí. Yo no soy el que está causando tus problemas.

Estás bajo un ataque del maligno, y no puedo hacer nada al respecto. Me has atado por las palabras de tu propia boca. Y esto no va a mejorar hasta que cambies tus confesiones y comiences a conformarte a mi Palabra. Estás operando bajo temor e incredulidad. Has establecido las palabras del maligno en tu nombre. Por tu propia boca has liberado la habilidad del enemigo. Si fuere a hacer algo al respecto, tendría que violar mi Palabra, y no puedo hacer eso.

Yo había obtenido tanto de su Palabra en mí que Él podía hablarme inteligentemente acerca del problema. Hasta entonces, no tenía base sobre la cual hablarme, porque yo había echado fuera su Palabra y citado al enemigo.

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