Escuchar por educación

Mi padre es de esas personas que piensan que se deben tener hijos para educarles durante el proceso de su crecimiento, enseñarles lo que uno sabe de la mejor manera posible, ¡claro está!

Mi hermana, por el contrario, se muestra más sensible diciendo que se tiene descendencia por el simple hecho de dar tu amor incondicionalmente.
Mi madre desea hablar pero siempre saca sus propias conclusiones, los hijos se tienen, se crían y se les da lo que se considere equitativo.
Yo me decanto por la teoría de Platón el cual desarrolla, en una de sus innumerables conclusiones, que entiende la filosofía de los hijos como algo que permite ver el más halla, observando el infinito a través de los ojos de tus sucesores.
Me es imposible olvidar el día que estuve a punto de perder el conocimiento después de escuchar hablar a mi padre, sin apenas pestañear, durante cerca de una hora sin pausa, ahora que lo pienso tampoco parece tanto, debía ser la falta de costumbre que demuestro cada vez que decido alejarme.
Una de mis frases preferidas que se me ocurrió durante todos los fines de semana que pasaba con mis amigos en la capital de España era, que en la gran ciudad hay mas personas que necesitan ser escuchadas que personas a las que arrancarles con una conversación.
Incluso yo mismo, me he evadido de un gran estrés acumulado mientras me dejaba seducir por el desahogo que supone encontrar una persona la cual tuviera la suficiente empatía como para percibir la falta que me hacía alguien dispuesto a concederme su tiempo para escuchar, ¿quién domina a quién?
Quizás ayuda el hecho de que nos sintamos identificados entre nosotros y exista conexión visual no forzosa, simplemente quizás porque nos agrada fijar la vista en unos ojos durante un cruce de miradas, yo lo interpreto como un gesto de educación mutuo, otra cosa es que también mantengamos la conversación para que nos resulte interesante el encuentro.
También considero que cuanto más nos comunicamos mayor es el vínculo necesario para saber cómo gestionar las emociones y no vernos presos a la adición del habla ó atrapados por una hipnótica mirada.
Por ejemplo, un comercial, el cual se dedique a ganarse la vida gracias a su talento por saber expresarse usando las palabras adecuadas, mientras da paso a un diálogo cordial, nos llevará muchas veces al error de calificarlos como pesados interesados y se les desprestigia tachándoles de charlatanes de feria.
Lo curioso es ver cómo con esta forma que tienen estos profesionales de ganarse la vida son predicadores del ejemplo más claro de relación social, consiguiendo alcanzar un reconocido prestigio al haber encontrado su vocación. Me fascina entrar en sus conversaciones, sobre todo si sus intenciones son buenas, al final siempre te intentan llevar a su terreno para hacernos el lío, ellos son los expertos.
Aunque no sea un político para poder rebatir en un debate sus convincentes argumentos, me demuestran ser agradecidos brindándome una comunicación asertiva, como queriendo darme las gracias por permitirles desarrollar su talento, esa es la grata impresión que me dan, una lección de vida.
La conclusión es tremendamente amena cuando se entra de lleno en el hilo de un tema donde no cesan los feedbacks en el desarrollo del diálogo de dos o más personas que tienen la única intención de pasar un rato agradable conversando entre ellos de forma ordenada.

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