Cuento “El colombre”

Un muchacho pidió como regalo por su décimo cumpleaños a su padre, capitán de barco y patrón de un precioso velero, que lo llevara consigo a bordo. “Cuando sea mayor quiero navegar por los mares como tú, papá. Y mandaré barcos más grandes y más bonitos que el tuyo”.

El padre accedió a la propuesta y en un espléndido día de sol se hicieron a la mar. El joven paseaba feliz por la cubierta disfrutando de todo y preguntando por todo. El padre respondía encantado.

Cuando ya se habían alejado de la costa, el velero volaba empujado por un magnífico viento, el chico de sentó con las piernas colgando por la popa. Desde allí divisó una cosa que salía intermitente a la superficie a una distancia de unos doscientos metros, donde la estela que generaba el barco se difuminaba con el mar.

El velero avanzaba y avanzaba a buen ritmo pero aquella cosa mantenía siempre la misma distancia. Y, aunque no sabía lo que era, algo tenía que le atraía intensamente. Llamó a su padre. “Papá, ven a ver esto”.

El padre fijó el timón y se dirigió hasta la popa mirando en la dirección que le indicaba el muchacho, pero no alcanzó a ver nada. Cogió sus prismáticos y exploró la superficie del mar con especial detenimiento en la zona que su hijo le había indicado al final de la estela. Asustado, dejó caer sus binoculares y palideció de terror.

– ¿Qué pasa papá?, ¿qué es eso?, ¿por qué pones esa cara?

– ¡Ojalá no te hubiera escuchado! Ahora temo por ti. Eso que has visto asomar de las aguas y que nos sigue es un colombre. Es el pez que todos los marineros temen en todos los mares del mundo. Escoge a su víctima y una vez que lo ha hecho, la sigue años y años, la vida entera si es necesario, hasta que consigue devorarla. Pero lo más curioso es que nadie puede verlo si no es la propia víctima. Desgraciadamente, el colombre te ha elegido y mientras andes por el mar no te dará tregua. Vamos a volver ahora mismo a tierra, tú desembarcarás y nunca más te separarás de la orilla por ningún motivo. Tienes que prometérmelo. El trabajo de mar no es para ti, hijo mío. Tienes que resignarte.

Decidió labrar su futuro alejado Del Mar, aunque cada noche oteando el horizonte desde la orilla descubría la sombra tenebrosa del colombre.

Cuando ya viejo y cansado, sintió cerca la muerte, decidió encararse con aquel terrible animal. Al poco tiempo el hocico del animal asomó de las aguas.

– Aquí me tienes por fin. Ahora es cosa de nosotros dos.

– ¡Que largo el camino hasta encontrarte! ¡Cuanto me has hecho nadar! Tu huías y huías, porque nunca has comprendido nada. Yo no te he seguido por el mundo para devorarte como tú piensas.

¡Ay de mí! ¡Qué horrible malentendido!¿Como ha podido ocurrir?

Parábola: Queremos tener derecho a todo pero sin cambiar nada. Y el escenario nos obliga a cambiar. Esperamos todo sin trabajar nada. Conceptos como incertidumbre, riesgo, audacia, excelencia, pensamiento… están apartados de la vida real y confinados únicamente en el ámbito de lo lúdico (juegos, deportes, diversión…). Quizá por eso no nos terminamos de acostumbrar a ese nuevo escenario que nos ha tocado vivir rodeado de inseguridad y de cambio permanente.

Escritor: Dino Buzzati

Se dice: no intentamos ciertas cosas porque son imposibles; más bien, habida que decir que son imposibles porque no las intentamos

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