Actividad física

Durante muchos siglos, el estilo de vida del ser humano ha estado dotado de un fuerte componente de actividad física al tener que desarrollar labores.

Sin embargo, en el último siglo, con la aparición de los grandes ingenios mecánicos, se han ido reduciendo progresivamente los niveles cotidianos de actividad física y ha aparecido una nueva conducta denominada sedentarismo.

Al ser una conducta relativamente reciente, el estudio de la asociación entre el sedentarismo o la inactividad física y la salud tiene pocos años de desarrollo y, por eso, en la última década están viendo la luz cada vez más estudios que relacionan dicha conducta con todo tipo de problemas de salud. Esta relación se encuentra expresada por la comparación entre el estado de salud de las personas que mantienen una conducta de actividad física regular y el de los que mantienen la conducta más generalizada de inactividad física o sedentarismo.

• La relación entre la actividad física y la salud se basa en la evidencia que proporcionan los cada vez más numerosos estudios que han encontrado una influencia positiva del estilo de vida físicamente activo de las personas sobre el desarrollo de las enfermedades más prevalentes en la sociedad moderna. Las personas que mantienen un estilo de vida físicamente activo o una buena forma física presentan menores tasas de mortalidad que sus homónimos sedentarios y una mayor longevidad. Pero, además, las personas que en cualquier momento de su vida abandonan su hábito sedentario para pasar a otro más activo físicamente o aumentan su forma física reducen sus tasas de mortalidad de manera significativa.

• Procurar acumular 30 minutos o más de actividad física moderada- intensa en la mayoría de los días de la semana, mediante la incorporación de más actividad habitual en la rutina diaria con modalidades como subir escaleras, trabajos caseros o de jardinería, baile o caminar parte o todo el trayecto de ida y vuelta al trabajo.

• Realizar algún ejercicio o deporte de tipo aeróbico en el tiempo libre, con una frecuencia mínima de 3 veces no consecutivas por semana, una duración mínima de cada sesión de 40-60 min, dependiendo del tipo de ejercicio o deporte, y a una intensidad que produzca una frecuencia cardíaca del 60-85% de la máxima teórica. Las personas ancianas deberían realizar además 2 o 3 sesiones semanales de ejercicios de flexibilidad y fuerza/ para paliar los efectos del envejecimiento sobre el aparato locomotor, que les conducen a un mayor riesgo de caídas y a la incapacidad para el autocuidado y al encajamiento precoz.

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