Las personas y el estrés

Los desastres, las emergencias sanitarias y las enfermedades graves son, por definición, perturbadoras y frecuente inesperadas.

Súbitamente, el mundo se viene abajo y la manera en que habitualmente se enfrentan los problemas puede no ser ya válida. La mayoría de las personas reaccionan ante las amenazas y desafíos percibidos en el entorno con estrés: un estado de excitación física o psicológica.

Cuando el nivel de estrés no es excesivamente alto, nuestro rendimiento aumenta, pero sobrepasando un determinado nivel, llegamos a un punto de excitación física y psicológica tal que el estrés desborda y se puede afrontar con efectividad la situación crítica.

La palabra “trauma” tiene un poderoso atractivo emocional, pero es un término clínico que requiere respuestas clínicas específicas, que resulta imposible ofrecer a gran escala o en estos casos contextos, y que pueden tener escasa conexión con los conceptos locales de sufrimiento y desgracia.

Cuando el discurso del trauma se basa mayormente en generalizaciones y suposiciones, no solamente pierde el sentido, sino que, lo que es aún más importante, puede tener el efecto no deseado, devastador, de dar a las personas un marco de referencia que las mantenga en posición vulnerable.

Es más probable que una expresión del tipo “afectado por determinado acontecimiento” incremente el desarrollo de la autonomía y ayude a las personas a sentirse más capaces de ayudarse a sí mismas.

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